Es posible que seas una persona que, como yo, se sorprende de que haya gente que puede permanecer corriendo durante más de diez minutos seguidos. Podríamos estar dos horas seguidas encima de la bicicleta, haciendo natación o incluso saltando a la comba, pero correr es algo que parece estar por encima de nosotros. Se trata de una sensación no de cansancio físico, sino de una fuerza que domina todo el cuerpo y que pide parar. Yo me sentía así hace unos años, hasta que descubrí qué era lo que tenía que hacer si quería ser capaz de salir a correr como hacían muchos otros.

El primer paso es no querer empezar corriendo una hora (ni 20 minutos, aunque estés en buena forma física). Correr es uno de los ejercicios de resistencia más duros que existen (sobre todo si no lo practicas de forma habitual) y, si eres como yo, tu cuerpo te pedirá desde el tercer o el cuarto minuto que pares. Si quieres permanecer corriendo demasiado tiempo, por una parte te sentirás frustrado porque no eres capaz y por la otra estarás forzando demasiado tu cuerpo. Escucha lo que te dice y actúa en consecuencia.

salir a correr

 

Para empezar a correr lo correcto es forzar un poco el cuerpo, para que se vaya acostumbrando, pero nunca demasiado. Es decir, si tardas 3 ó 4 minutos en notar la sensación de que debes parar, sigue corriendo 3 ó 4 minutos más. Será duro, pero podrás hacerlo sin demasiados problemas. Cuando haya pasado este tiempo reduce el ritmo y continua caminando (tendrás que olvidar la vergüenza y que no te importe que los otros piensen que corres muy poco tiempo, cada uno tiene su ritmo).

El segundo truco consiste en no parar porque el cuerpo lo ha pedido. Camina durante el tiempo que te haga falta y cuando notes la sensación de que podrías volver a empezar (a menudo el cansancio es sólo psicológico y realmente las piernas podrían hacer mucho más) reanuda la carrera. Es probable que esta segunda vez puedas aguantar menos tiempo, pero eso no significa nada. Nuevamente, recorre a la estrategia de continuar corriendo el mismo tiempo que tardó tu cuerpo en pedirte que pararas, deberías poder hacerlo sin agotarte demasiado. Pasado este tiempo, reduce la velocidad y camina para volver a la calma. Ahora sí que ha terminado el entrenamiento.

Poco a poco, tu cerebro irá cediendo y te dejará correr durante más tiempo. El truco está en escuchar cuando nos pide correr y obedecer pasado un tiempo prudencial, pero no por ello detener el entrenamiento. El hecho de saber que vas a parar pronto hará más fácil llegar hasta el final, por lo que resulta muy beneficioso dividir el entrenamiento en dos fases distintas. Verás cómo cada día podrás aumentar el tiempo dedicado a cada una de las fases, hasta que finalmente podrás correr durante tanto tiempo como quieras o hasta que pares por cansancio físico realmente.

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